Hace unas semanas volví a sentarme frente a mi consultor. Volví a cerrar los ojos y a invocar la historia de mi bisabuela Dora, esa que, como ya saben, vive en mí de una manera muy fuerte.
Esta vez, ella me llevó a un lugar de su vida que olía a dolor seco, a un quiebre. Me llevó al año 1947, al momento exacto en que murió su marido. Pude sentirlo en mi propio cuerpo. El piso que desaparece bajo tus pies. La brújula que se vuelve loca. Quedaba sola, a cargo de cinco hijos, el mayor de 18, la menor de 8. Sola, en un mundo donde el hombre era el único sostén económico, y el de ella acababa de irse.
La primera emoción que me inundó fue la de ella: un desconcierto profundo, una incertidumbre que te congela los huesos. Pero detrás de ese frío, había otra cosa. Algo que quemaba.
Había bronca.
Una bronca inmensa, guardada, prohibida. La bronca de sentir que su marido, al morirse, la estaba abandonando. Dejándola sola en medio de la tormenta. Liberar esa rabia en la consulta, darle voz a lo que ella nunca pudo gritar, fue como sacar un tapón de una bañera llena de agua estancada. Sentí un alivio inmediato.
Y claro, como ya aprendimos juntos, si yo cambio mi configuración interior, mi realidad, que es mi espejo, no tiene más remedio que moverse. Así que, por supuesto, ¡todo se puso patas arriba otra vez! (ya me empiezo a reír cuando pasa).
Pero esta vez, el polvo del derrumbe se está asentando más rápido. Y debajo de los escombros de lo que se va, está apareciendo algo nuevo. Algo que crece de a poco, sin apuro: una nueva certeza. Una nueva manera de pararme en la vida, de sentirla, de proyectarme hacia el futuro.
Sanar a un ancestro es como recalibrar el GPS de nuestra alma. La dirección de "origen" de mi bisabuela estaba fijada en "Desconcierto, 1947". Al liberar su bronca y honrar su dolor, le dimos al sistema una nueva coordenada. Y mi realidad, como un GPS recalculando, entró en caos por un momento ("Gire a la derecha", "En 200 metros, dé la vuelta"), buscando la nueva ruta para llegar a este nuevo destino de "certeza".
Y como si el universo quisiera confirmar que el cambio era real, que la recalibración estaba en marcha, pasó algo increíble. Empezaron a llegar a mi propia consulta personas con conflictos que eran un calco de la historia de Dora. Personas sintiéndose abandonadas por su pareja, con una incertidumbre económica brutal... Y al mirar sus fechas, ahí estaba la magia: eran "dobles" perfectos de mi bisabuela y de su marido.
Es como si, al redibujar una parte del plano fundamental de nuestra casa (nuestro árbol), no solo la estructura de nuestra propia casa se asienta de forma diferente, sino que de repente nos encontramos con que los vecinos que nos tocan la puerta vienen a hablar de planos, de estructuras y de cimientos. La realidad se sincroniza de una manera que te deja con la boca abierta y con la certeza indiscutible de que sos creador/a de tu realidad.
Te cuento todo esto porque tu vida funciona igual. Cada vez que te animás a mirar una de esas historias viejas, llenas de dolor o de rabia, no solo te liberás vos. Le cambiás las coordenadas a tu GPS. Y aunque el recalculo pueda ser caótico por un tiempo, el destino al que te lleva es, sin duda, un lugar mucho más tuyo. Un lugar con más calma. Con más certeza.
Un abrazo, desde este nuevo lugar que, de a poco, se va construyendo.
Diego
P.D.: No le temas al caos que sigue a la sanación. Es el sonido que hace tu universo al ponerse de acuerdo con tu nueva alma.

Diego Rouco
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