Hay una verdad central en este camino que, de tan inmensa y absoluta, es casi imposible de aceptar solo con la mente: sos el creador absoluto de tu realidad.

Podés leerlo en un libro, podés escucharlo en este newsletter, podés repetirlo como un mantra. Pero la mente consciente, esa que ama la seguridad y los límites, lo rechaza. ¿Aceptar que yo creé este caos? ¿Que yo creé a esta pareja? ¿A esta enfermedad? Imposible. Es una responsabilidad demasiado pesada si no viene con la prueba.

La única forma de integrar esta verdad es a través de la experiencia. Y yo, Diego, tengo la bendición de recibir esa prueba a diario.

Ayer atendí a un consultante nuevo. Había agendado su turno hacía semanas y, como siempre, no sabía qué tema traería. Pero en el instante en que me contó su "problema", sentí un golpe de realidad. El tema que eligió para trabajar era un reflejo perfecto, un espejo de alta definición, de algo que me está pasando a mí, ahora, en mi momento presente.

Y no terminó ahí. Al profundizar en su historia y en los dolores de su pasado, me encontré viajando por escenas que eran calcos de mis propias historias. El consultante y yo estábamos sintonizados en la misma frecuencia, lidiando con el mismo nudo, solo que en diferentes escenarios.

No me pasa a veces. Me pasa siempre. En todas y cada una de las consultas que atiendo, el consultante me está hablando de mí, me está mostrando una capa de mi propio inconsciente que está lista para ser vista y sanada.

No me queda otra alternativa que rendirme a la evidencia: estoy creando mi realidad y a las personas que me rodean.

Y esto es lo bello y el secreto de este camino.

  • Consulta tras consulta, de a poco o a veces rápidamente, las personas van observando cómo su realidad se modifica cada vez que ellos sanan uno de esos pasados dolorosos.

  • Al reescribir su inconsciente (su alma) a través de la liberación emocional, las polaridades se neutralizan. El "malo" de la historia pasa a ser neutral.

  • Y es ahí, al ver que la realidad exterior cambia gracias a un movimiento interior, donde el consultante llega por sí mismo a la gran conclusión: no hay afuera.

Una vez que llegás a ese punto, ya no hay vuelta atrás. Ya no podés volver a la versión anterior de vos mismo, esa que le echaba la culpa al "afuera" o a los demás, porque sabés, por experiencia en tu propia carne, que solo existe una creación propia de tu interior.

El consultante de ayer vino a sanar su dolor, pero me hizo un favor inmenso: me regaló la conciencia que yo necesitaba para seguir sanando el mío. Y en ese intercambio, ambos nos liberamos.

Un abrazo inmenso desde este universo que estoy creando.

Diego

P.D.: ¿Tu plan de vida todavía te representa? Como te conté en el newsletter anterior, si tu plan fue creado por una versión tuya más dolida, es hora de revisarlo, porque tu nuevo yo ya no resuena con ese viejo guion.

Diego Rouco

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