Cada quince días, nos reunimos el grupo de consultores certificados en Bioexistencia Consciente. Son encuentros donde compartimos, aprendemos y profundizamos en este mapa fascinante del alma humana. En nuestro último encuentro, pusimos la lupa sobre uno de los misterios más hermosos: el vínculo inconsciente con nuestros hijos.
Analizamos cómo el nombre de nuestro hijo, su fecha de concepción, la fecha probable de parto y el día en que finalmente elige nacer, son en realidad coordenadas. Son pistas que nuestro inconsciente familiar nos deja para mostrarnos "quién está volviendo". A quién, de nuestro árbol genealógico, representa ese nuevo ser.
Y aquí es donde la historia se pone increíble. Porque en el instante en que ese niño nace, el guion de la obra familiar se reescribe por completo. Si tu hijo es "doble" o "yaciente" de un ancestro, vos, como padre o madre, te convertís automáticamente en el padre o la madre de ese ancestro.
Es como si la vida te dijera: "Aquí tienes. Esta es la historia que necesita ser sanada. Te doy la oportunidad de revivirla, pero esta vez, como el padre que puede darle a ese 'niño-ancestro' lo que quizás no tuvo". Y todo lo que ocurrió en la vida de ese antepasado (en su embarazo, nacimiento y primeros años) tenderá a repetirse si dio por resultado vida, o a evitarse si condujo a la muerte o la separación.
Yo sabía, a nivel teórico, que mi hijo es doble de mi papá. Pero fue durante este encuentro, y en los días que siguieron, que la ficha me terminó de caer con la fuerza de un rayo. Si mi hijo es mi papá... entonces yo me convertí en mi abuelo paterno.
Y de repente, mi vida, mis desafíos, mis patrones, se iluminaron con una luz nueva y brutalmente clara. Comprendí por qué me pasa lo que me pasa.
Como si el universo quisiera confirmármelo, en mi última consulta personal fue "casualmente" mi abuelo paterno quien pidió hablar. Quien, a través de mí, expresó todo lo que tenía guardado. Y al escucharlo, se me heló la sangre. La similitud de su historia, de sus sentires, con mi presente, era tan exacta, tan detallada, que me hizo llorar de comprensión.
En ese instante, volví a confirmarlo con cada célula de mi cuerpo: somos los creadores. No hay nada, absolutamente nada, librado al azar. Cada circunstancia, cada relación, cada conflicto, hasta el más pequeño detalle de nuestro día a día, está ahí por una razón. Es un decorado perfecto, una escenografía impecable que nuestra alma diseña con un único propósito: reparar y sanar el pasado.
Mi vida, hoy, es el escenario donde mi abuelo tiene una segunda oportunidad. Y yo, como el "nuevo padre de mi padre", tengo el poder y la responsabilidad de vivirla con una consciencia que él, quizás, no pudo tener.
Te comparto esto porque tu vida funciona igual. No sos solo vos. Sos el escenario donde tus ancestros buscan paz. Y tus hijos, con su sola presencia, son los que te asignan el papel más importante de tu vida.
Un abrazo inmenso,
Diego
P.D.: No te preguntes "¿por qué me pasa esto a mí?". Mejor pregúntate: "¿A quién de mi familia le estoy dando, a través de mi vida, la oportunidad de sanar esto?".

Diego Rouco
¡¡Suscribe para que te notifique de las novedades!!