¿Es posible ser "adicta" al síntoma de nuestro hijo?

Sé que el título de hoy puede sonar fuerte, pero te invito a respirar profundo y leer estas líneas con el corazón abierto. En nuestro camino de Florecer en la Adversidad, a menudo nos preguntamos por qué, a pesar de todo nuestro esfuerzo espiritual, sentimos que no avanzamos o que el síntoma de nuestro hijo (o el propio) nos mantiene atrapados en un bucle de cansancio y alerta.

La ciencia y la Bioexistencia nos dan una respuesta reveladora: el cerebro no distingue entre un hábito saludable y una conducta que nos daña si esta última garantiza nuestra supervivencia o nuestra pertenencia al clan.

La química de nuestra entrega

A veces, nuestra mente se vuelve "adicta" a la identidad de madre/padre abnegada/o o al estado de alerta constante. Esto sucede porque la dopamina, esa molécula de la motivación, no solo nos premia por lo que nos hace bien; también nos da una orden de acción cuando cree que estamos evitando una "muerte sutil", como ser mal vistos por nuestra familia o ser excluidos de la manada.

Si en tu historia familiar (tu Vida Larga) los miembros del clan solo fueron validados a través del sacrificio, tu biología sentirá que "dejar de sufrir" es peligroso para tu pertenencia.

La queja o el cansancio extremo pueden ser, en realidad, una forma de limpiar nuestra imagen ante los demás para no ser juzgados, activando circuitos de recompensa que nos mantienen atadas al problema.

Y sabemos que el síntoma de tu hijo (y el propio) está actuando como un "maestro" que te obliga a mirar historias de dolor no resueltas en tu árbol genealógico.

El despertar de la consciencia

Sanar no es volver al estado anterior al síntoma, sino quedar en un estado mucho mejor, habiendo comprendido para qué apareció ese desafío en nuestras vidas. Como decía Hipócrates, para sanar debemos estar dispuestos a dejar atrás aquello que nos enfermó.

Hoy te propongo un ejercicio de honestidad radical con tu propia biología para empezar a retomar tu poder y autoridad (extraído del libro "Dopamina", de Pablo Almazán).

Ejercicio de Reconexión: Identificando mis Adicciones Invisibles

Toma papel y lápiz. Crea dos columnas:

En la izquierda, anota "Lo que me da placer y bienestar" (puntúa del 1 al 10).

En la derecha, anota esas actitudes o estados que sientes que te dañan pero no logras soltar, como el control excesivo, la culpa o la preocupación constante por el futuro de tu hijo (puntúa del 1 al 10).

Esas son tus "adicciones biológicas", órdenes de tu inconsciente que hoy puedes empezar a desprogramar al hacerlas conscientes.

La próxima vez que sientas el impulso de caer en el miedo o la queja, detente y repite con fuerza:

"Ya sé lo que está sucediendo aquí, mi mente no está haciendo el análisis, estoy actuando por un programa que ya corre solo, no soy yo quien está decidiendo, tengo una adicción. VOY A RETOMAR EL DIÁLOGO INTERIOR y volveré a su lugar las acciones que cada parte de mi cerebro debe llevar adelante".

Estoy aquí para acompañarte a cruzar ese puente.

Con amor, Diego Rouco

Diego Rouco

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