¿El vaso está medio vacío o es que me acostumbré a la sed?

Te voy a ser sincero: hoy me levanté con la "estantería desordenada".

Viste esos días donde los viejos hábitos, esos que creías haber dejado atrás, vuelven con una fuerza increíble... Bueno, hoy me pasó. Me encontré quejándome, mirando el vaso medio vacío y sintiendo esa inercia pesada que me invita a quedarme en el lugar de víctima.

Sé que es parte del proceso. Los cambios profundos no son una línea recta hacia arriba; son más bien como un espiral. A veces pasamos por el mismo lugar, pero un poquito más arriba.

¿Pero sabés qué es lo más loco? Que mientras me escuchaba quejarme, me acordé de vos.

Pensé en cuántas veces mis consultantes y las personas que leen estos correos, enfrentan desafíos grandes —ya sea en su salud o la de sus hijos, en su aprendizaje o en su conducta—, y a veces nos terminamos abrazando a la queja porque es lo único que nos resulta familiar. La queja es como esa manta vieja: pica, tiene olor a guardado, pero nos da una falsa sensación de refugio cuando el mundo afuera se siente hostil.

En la Bioexistencia Consciente, aprendemos que nada es por error. Si hoy mi vaso está "medio vacío", tengo que preguntarme:

  • ¿Para qué necesito yo hoy esta escasez?

  • ¿A quién de mi historia le era peligroso tener el vaso lleno?

Nuestros hijos con sus síntomas o nuestros propios síntomas, son el espejo que nosotros no nos animamos a mirar. Son el "hilo de Ariadna" que nos permite caminar por el laberinto de nuestra propia historia familiar.

Si hoy te sentís agotado/a, si sentís que la inercia de la queja te está ganando, no te castigues. Validá ese cansancio. Pero no te quedes ahí. Usá ese malestar como combustible para preguntarte qué hay detrás.

Sanar no es dejar de sentir dolor, es dejar de ser esclavos de una historia que vinimos a sanar y trascender.

Un gran abrazo,

Diego Gastón Rouco
Consultor Certificado en Bioexistencia Consciente

Diego Rouco

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