Cuando nos miramos al espejo por la mañana o cuando nos duele la cabeza, solemos decir: "Mi cuerpo". Cuando las cosas se complican en el trabajo o discutimos con un entorno hostil, decimos: "Mi realidad".

Pero si lo pensás un segundo, hay una trampa en el lenguaje. Si decís "mi cuerpo" o "mi realidad", estás asumiendo que el cuerpo y el entorno son un objeto de un tercero. ¿Quién es el dueño que reclama esa propiedad? ¿Quién es el que habla por detrás?

En el video de esta semana, "No sos culpable, sos la llave", abordé una de las verdades más movilizantes de la Bioexistencia Consciente: la noción de separación es una ilusión. Tu jefe, tus hijos, el vecino, tus síntomas, el agua que cae e incluso el dinero de tu cuenta... todo sos vos expresándote.

El cuerpo como un "marcador de temperatura"

El inconsciente no entiende de fronteras. Para tu biología, lo que pasa en el aparente "afuera" y lo que pasa en el "adentro" se gestiona con los mismos códigos exactos. El cuerpo no es algo separado; es el puente de equilibrio que inventó tu ser para compensar lo que tu mente no está pudiendo mirar con neutralidad.

Pensá en estos dos ejemplos concretos:

  • Los Cálculos Renales (y el miedo a la escasez): Cuando una persona siente de forma dramática que el dinero (la liquidez) se le está yendo rápido, o vive situaciones reales de agua que no puede contener (grandes inundaciones, caños rotos en casa), el cuerpo asocia la pérdida de liquidez exterior y cierra las compuertas. Genera un tapón de calcio. Su biología le dice: "¿Querés que salgan menos líquidos? Yo te lo soluciono". Los riñones intentan retener el agua porque para el inconsciente primitivo, el abandono, el hambre y la sed equivalen a la muerte.

  • La Hipertensión (y los intrusos en el nido): La presión alta no es un tema económico. La hipertensión se activa cuando el inconsciente biológico siente el deseo imperioso de expulsar a alguien del territorio. El ventrículo izquierdo (el rol masculino del corazón) tiene que empujar con una fuerza desmedida la sangre para sacar al intruso de la casa. Quizás vivís con una pareja, un socio o un familiar que comparte la misma fecha o nombre de un abusador o de un padre violento de tu infancia. Tu cuerpo grita en cada latido: "¡Sacalo del territorio!".

El síntoma no viene a curarse; viene a despertarte

Si colocaras marcadores de temperatura en las paredes de tu casa, no tendría sentido taparlos o romperlos solo porque marcan que hace una temperatura que a vos no te gusta. El marcador no mide la temperatura para sí mismo; la mide para que vos la leas y hagas algo al respecto.

Tu síntoma físico no surgió de la nada solo para que lo hagas desaparecer con un fármaco o una técnica mental. Viene a contarte una historia inmensa, antigua y profunda que conecta tu presente con los dolores congelados de tu infancia y de tu árbol genealógico.

El cuerpo no es un camino largo para sanar; es un atajo directo, sabio e inequívoco. Es el resultado de toda la evolución humana puesta a tu servicio para decirte quién sos verdaderamente en profundidad.

Te invito a ver este video completo, a sentarte con un mate o un café, y a empezar a leer las señales de tu propio mapa biológico.

MIRALO TOCANDO AQUÍ

Si al escucharlo sentís que tu cuerpo o tu realidad exterior ya están cansados de sostener estas compensaciones invisibles, recordá que no tenés que descodificarlo solo. Estoy acá para acompañarte a cruzar ese puente hacia tu verdadera coherencia.

Un gran abrazo,

Diego.

Diego Rouco

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